El origen del momento «Alfombra Roja»

He tenido en varias ocasiones la gran suerte en mi vida de participar en un momento “alfombra roja”. Es verdad que nunca lo he hecho como protagonista, vistiéndome de gala, posando para los fotógrafos, enseñando mis joyas… pero sí que puedo hablar de ello contando mi experiencia en Brava Producciones, donde hemos “recreado” ese momento en cientos de ocasiones.

Todo empieza con la contratación de las limusinas, fotógrafos, el montaje escenográfico de la propia alfombra, la iluminación, la gestión de licencias y toda la logística. Mi equipo y yo nos hemos encargado de todo y hemos compartido la satisfacción de comprobar que cuando el set está listo, y llegan los invitados, pasear y posar es considerado por ellos todo un privilegio.  Es su momento, antes de saber si han ganado o no sus esperados premios. El espacio se convierte en algo mágico en el que todos se hacen eco del valor que adquiere su trabajo, su esfuerzo por ser protagonistas. Y el resultado es realmente emocionante.

Pero ¿os habéis preguntado alguna vez cuál es el origen de esta costumbre?

¿Por qué se hace este tipo de entrada en algunos eventos? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué una alfombra roja? Pues os voy a desvelar este misterio:

Encontramos el referente de lo que significa el paseo sobre una alfombra roja retrocediendo muchos siglos atrás, concretamente al año 458 a.C., momento en el que fue estrenada la obra de teatro Agamenón, escrita por Esquilo. Es en esta ficción donde se recrea el regreso del héroe de la mitología griega a Troya que, recibido por su esposa, es inducido por ella a caminar sobre una alfombra roja, recorrido que en realidad le llevará directo hacia su muerte. Ella le asesina por haber aceptado como botín de sus hazañas a la bella Casandra, y haberla convertido en su amante. Cierto que no es esto lo que trasciende, si no la importancia de ser reconocido por sus súbditos a lo largo del “encendido” sendero.

Siglos después, en la época del Renacimiento, diferentes obras de pintura orientales ilustraban lienzos de tronos y monarcas a cuyos pies luce siempre una alfombra roja. Con el paso del tiempo, el color rojo en la alfombra se convirtió en un símbolo ligado a la ostentación y lo supremo.  Fueron los estadounidenses en la década de los años 20, los primeros que adoptaron la costumbre de utilizarla para recibir a presidentes y gobernantes a su llegada a los diferentes estados. De ahí saltamos a 1961, primer año en el que la gala de los Óscar lució la famosa alfombra roja para recibir a los invitados. Un hecho que en realidad no pudo ser apreciado por los espectadores televisivos hasta 1967, cuando por fin la famosa gala fue retransmitida en color. A partir de entonces, se identificó el concepto de la alfombra roja como sinónimo de premios. En la actualidad este símbolo se repite en prácticamente cualquier evento que cuente con la presencia de personas a reconocer. 

En definitiva, la alfombra roja lejos de ser un momento mas en la organización de un evento, es un elemento de fundamento histórico, un legado mantenido en el paso del tiempo tanto en forma como en significado. Quién sabe si, algún día, nos tocará pisarla, esperemos que no con el mismo fin del pobre Agamenón, por supuesto.

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